Hablemos de cine
La La Land
Reconozco que, por norma general, las nominaciones a los Oscar me parecen en la mayoría de los casos injustificadas, muy pocas veces estoy de acuerdo en las películas que eligen para la gran fiesta del cine americano. Y, aunque admito que en esta película hay bastantes cosas buenas, debo resaltar que nominar a Emma Stone y Ryan Gosling como mejor actor y actriz no me parece correcto.
La película en sí es brillante, maravillosa, es un musical por musical, no busca una excusa para ser el mismo como suele decir el personaje de Auri del libro "La Música del Silencio". Es lo que es y es evidente que se enorgullece de ello.
La labor de dirección de Damien Chazelle me parece delicada, suave, hace referencias a los grandes clásicos del cine, a las interpretaciones de sus actores y, encima, tiene la compostura de un musical clásico como Mary Poppins o West Side Story, por citar dos. A mí, personalmente, desde el principio al final me parece una obra magistral, una manera adecuada de contar una historia y convertirla en una joya, una pequeña obra de arte que no envejecerá. Y cuando acaba, señoras y señores, me deja en carne viva, sangrando, temblando y con ganas de llorar porque es una obra preciosista y porque me siento completamente identificada con los dos personajes. No es ningún secreto que me encantan los musicales, la culpa la tiene mi padre, quien en mi más tierna infancia me mostró sus favoritos, empezando por West Side Story, su favorito. Mi padre era un hombre peculiar, lo admito, le gustaban los musicales y tenía ojo artístico para la mayoría de las cosas que hacía. Mi madre, por su parte, es más práctica y dónde mi padre veía musicales, ella veía western clásicos y, lo admito, también me los vi todos. Quizás la película hace muchas cosas que no debe hacer una película y, precisamente por eso, a mí me gusta tanto.
Ahora hablaré de las canciones, puesto que se trata de un musical. Lo único que puedo decir es que me parecen hermosas, pequeños diamantes que brillan con todo su esplendor. Me parece normal que "Audición" y "La ciudad de las estrellas" estén nominadas como mejor canción, yo tengo claro que mi favorita para ser ganadora es "Audición" porque a mí esa canción me deja temblando, me rompe por dentro, es como si la letra estuviera hablando a mi alma porque, sí, soy una soñadora de la cabeza a los pies y una letra como esa me corta y me hace sangrar.
Como he dicho, la interpretación de los actores no me parece merecedora de la nominación al Oscar. No me interpretéis mal, están bien, pero honestamente creo que podrían haberlo hecho mejor porque quizás lo que falta entre los dos es química y, claro, una película en la que dos personajes enamorados no tiene química actuando es un gran fallo. Dicho esto, reconozco que el momento en que Emma Stone está haciendo la canción de "Audición" me parece asombroso. Esa escena es increíble, pero por una escena no debería ser nominada a los Oscar, aún cuando sea tan brillante como esta.
Hablando ya del guión, ¿qué puedo decir? Es tan nostálgico, tan lleno de sentimientos, mi humilde opinión es que en este guion se reflejan los sentimientos de todas aquellas personas que alguna vez han deseado llegar a Hollywood triunfar y encontrarse más puertas cerradas que abiertas. Es un guión positivo, a pesar de que al término de la película muchas personas se quedan con una sensación de que no debería acabar así, es un final quizás demasiado agridulce para la esperanza que transmite el film. Y por eso me gusta tanto, la vida no es sencilla y aunque a todos nos gusta el típico "happy ending", hay películas que tienen que rematar con un "quizás".
Lo mejor
1. Es un musical, destila musical clásico y las canciones son espectaculares.
2. El final, sí, no es el típico final feliz pero honestamente, ¿quién lo necesita en una obra magistral como esta?
Lo peor...
La falta de química entre Emma Stone y Ryan Gosling.
Hablemos de literatura
La música del silencio
Y ya que he citado esta maravillosa joya de Pat Rothfuss voy a hablar de ella otra vez. Ya he hecho una crítica sobre esta obra de Rothfuss, pero después de leérmela por tercera vez, no puedo dejar de encontrar cosas nuevas, diferentes que no vi en la primera o la segunda lectura. Esta novela corta de Rothfuss es rara, es extraña, tan peculiar que quizás muchas personas no sepan apreciar la belleza de su texto, la delicadeza de sus trazos y la maravillosa manera de describir al personaje de Auri. Al final del libro Rothfuss dice que la historia de Auri no hace lo que deben hacer las historias y, sinceramente, no quiero que lo haga. Una joya tan valiosa debe permanecer como es, sin avergonzarse lo más mínimo de ser diferente, distinta. Es una exquisitez.
Yo leo mucho, muchísimo, solía leer tres libros a la semana cuando estaba en la universidad, ahora sigo leyendo dos o tres libros por mes. A veces releo obras que me resultan hermosas y admito que a las de Rothfuss y a las de Tolkien vuelvo más que a ninguna.
Es hermoso descubrir cosas nuevas cada vez, sentir los personajes tan reales que te da la sensación de que los puedes palpar y, por eso, aunque la historia de Auri es diferente, a mí me encanta.
Esta historia no es para personas que leen por leer, sino para aquellas que leen porque la lectura para ellas es como respirar. Aquellos como yo que nos metemos tan de lleno en los asombrosos mundos que los autores crean que llegamos a tocar a los personajes y acaban formando parte de nuestra vida.
Así que sí, tal vez, la historia de Auri no hace lo que hacen las historias, pero Auri merece la pena. Cada página, cada segundo en el que la descubrimos en los objetos inanimados de su Subrealidad. Espero que Rothfuss la conserve, la mantenga tan extraña y diferente como es. Sobre todo para aquellos, como yo, que llevamos un trocito de Auri en nuestro corazón.
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