Hablemos de cine
Desayuno con diamantes
Lo sé, quizás es un poco pronto para volver a
hablar de otra peli de Audrey, pero, ¿qué queréis? La mayoría de mis clásicos
favoritos los protagoniza ella o los dirige Hichtcock.
Además en esta está, para más inri, George Peppard
que encima de ser guapísimo, era un actorazo como la copa de un pino.
El guión es ágil, la dirección hábil, los actores
están en su mejor momento y la historia de amor, ¡oh, la historia de amor!
Una vez más, “Romeo y Julieta” remasterizado, con
un par de ideas nuevas, pero siempre el mismo fin: un amor imposible y… hasta
aquí puedo criticar.
Ya os he dicho en ocasiones anteriores que me
resulta complicadísimo buscar aspectos negativos en los filmes clásicos. Principalmente
porque la interpretación actoral, como norma general, me deja perpleja. Hay
buenos actores y hay grandes actores, pero en esta época es difícil hallar
malos actores. Además los guiones siempre me parecen nuevos, aunque en realidad
no lo sean tanto. Probablemente porque toda la historia de cine posterior ha
tomado estos guiones, les ha dado un lavado de cara y los ha utilizado una y
otra vez, hasta que perdieron su esencia más íntima.
¡Ya me he vuelto a ir por las ramas con el
discurso político! No lo puedo evitar, me apasiona el cine, es el amor de mi
vida y me puedo poner muy pesadita al hablar de ello.
Mejor vuelvo a “Desayuno”, lo mejor
1.
George
Peppard, en serio, lo adoro. Me encanta su papel, es tierno, es romántico, es
cariñoso, es sexy, es… bueno, casi el hombre perfecto.
2.
Holly
desayunando delante de Tiffany´s. Esa escena es impresionante desde mi punto de
vista. Se percibe el glamour, la tristeza por lo que no se tiene y la opulencia
de quienes sí lo tienen. Una verdadera obra maestra, lo han intentado repetir
en otras ocasiones, pero nunca tiene la fuerza adecuada.
Lo peor…
La soledad que se respira en todo el filme, incluso cuando los personajes
están rodeados de gente, ésta se siente en los huesos.
Hablemos de literatura
El laberinto de la rosa
Esta es una novela peculiar donde las haya. No se
puede ubicar en un solo género literario, tiene un poco de romance, tiene un
poco de drama, tiene un poco de acción y tiene un poco de esoterismo. La autora
es una australiana llamada Titania Hardie, no sé si es su nombre original o un
pseudónimo, pero “Titania” en fin, ya lo dice todo.
La historia es preciosa. Los protagonistas están
algo perdidos al principio y se acaban encontrando, uno consigue cicatrizar las
heridas del otro, y en más de un sentido, además se ayudan a evolucionar.
Siempre digo que me gusta el tipo de literatura en el cual se ve más el aspecto
psicológico del protagonista en sí que la historia narrada. En este libro
ocurre eso precisamente y, al final, se produce la transformación del héroe/heroína
en algo diferente, aprendida la lección de la vida se transforma en algo
distinto, no necesariamente mejor, sino diferente.
Es una historia entretenida, no podría catalogarla
como una gran novela, pero hay pocas cosas que catalogue con mayúscula.
Echadle un vistazo, es una lectura entretenida.
Hablemos de televisión
Anatomía de Grey
Vi la primera temporada, después seguí la segunda,
pero en la tercera me ocurrió lo que con “House”; acabé saturada de Meredith y
sus paranoias mentales. Al principio me parecía muy interesante la historia de
unos interinos en un hospital americano, lo malo, cuando esos interinos tienen
cuarenta años y siguen actuando del mismo modo. No maduran, no crecen, no
aportan nada nuevo y eso resulta aburridísimo.
Sinceramente, no os recomiendo la serie, es
aburrida, no ofrece nada distinto y los actores son bastante pésimos, excepción
del Eric Dane y Justin Chambers. Ambos me gustan, no sé por qué, quizás los personajes son más
interesantes.
Por hoy cierro la bitácora y lo hago con Giacomo
Leopardi: “Para la felicidad son menos
nefastos los males que el aburrimiento”
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